Explora Alfonso Orejel la oscuridad humana
Cuando Alfonso Orejel leía un poema de José Emilio Pacheco en el que preguntaba el poeta que a quién escucha Dios, al carnicero que va a matar al cerdo y se persigna antes de hacerlo o al cerdo que chilla suplicando piedad, encontró una respuesta.
“Obviamente no pongo al carnicero, Dios no escucha chillido de los cerdos, o sea, a veces Dios no escucha a las víctimas”, dice.
De ahí surgió el título de su más reciente novela ‘Dios no escucha el chillido de los cerdos’ (Instituto Sinaloense de Cultura-NITRO/PRESS, 2024), en la que toma la historia de un asesino en serie para explorar la oscuridad del alma humana.
Y es que trata de un asesino que hace una especie de rituales en los que las víctimas parecen estar montadas sobre un escenario porque aparecen en ciertas condiciones simbólicas, personas sacrificadas, como en aras de un ritual o de una secta.
“De alguna manera es la oscuridad la que arropa el corazón humano, la forma en cómo la maldad se ha socializado. Y ha obtenido tanto prestigio nuestra sociedad sinaloense que permitimos que nos acompañe todos los días metafóricamente, pues alude de alguna manera a lo que está ocurriendo ahorita, pero no es una novela de narcos”, dice el autor.
“La novela, añade, aspira a encontrarse con un público distinto al que habitualmente lee libros, normalmente adolescentes jóvenes, el contexto aquí es mucho más duro digamos y terrible, no es apropiado como para chicos de primaria, ni secundaria, aunque conozco algunos que estarían encantados”
Emocionar al lector
En ‘Dios no escucha el chillido de los cerdos’, Gunter, un policía caído en desgracia por una situación que lo alejó de su hijo, quiere investigar qué está ocurriendo detrás de estos crímenes rituales. Entonces surge el dilema ético de que tiene que lavar su nombre y resolver el caso.
“Yo traté de que fuera una novela que no dé respiro al lector, que lo mantenga en vilo, generar angustia, ansiedad, desesperación, porque en un momento dado el elector se va a sentir que es su propio pellejo el que está en riesgo, de eso se trata la literatura pues de emocionar al lector, involucrarlo en la trama y hacerlo sentirse parte de ella, ya sea como víctima o como verdugo”.
Las 250 páginas, señala el autor, serán un reto para el lector de no caer en el “aburrimiento”, pues para él fue un desafío mantener un ritmo, para mantenerlo cautivo.
“Traté de que fuera una serie de exploración de la maldad, por qué ocurre esto, por qué lo hemos permitido, por qué aceptamos esta situación y no solamente de los asesinos, también de la gente que supuestamente debería de cuidarnos, los policías el Ministerio Público, los políticos que tienen el poder. Es decir, por qué este exceso de tolerancia ha permitido un caos y una pérdida de la confianza en la ley”
Su lado oscuro
Escribir esta novela policiaca, hizo reconocer al autor que también tiene un lado oscuro, que le gusta ver leer libros de asesinos en serie y ver series del mismo tema en las plataformas de streaming.
“Y siempre tuve ganas de escribir una novela de un asesino en serie, pero local, cómo sería sentirnos en Los Mochis, que de hecho sí ha habido asesinos en serie, pero hay muy pocos a nivel nacional, como la Mataviejitas, Higinio Sobera de la Flor, Goyo Cárdenas, aquí (en Los Mochis) ha habido gente, un chavo mató a toda su familia, a su madrastra, su papá y a dos hermanitas aquí en el Fraccionamiento Misiones”.
A él le entró la curiosidad de por qué una persona normal, que va a la universidad, que se graduó de doctor, que tiene una red de amigos, que cuenta chistes, que parece amable, simpático, que ama a su perro, se convierte en un asesino en serie, dijo.
“Hay una frontera entre el bien y el mal, el mal es más es más débil de lo que uno cree y realmente todos tenemos ese lado oscuro y fue un poco explorar eso... para mí lo importante es conocer a los personajes y tratar de que sean creíbles, que la gente diga ‘ah canijo ésta se parece a mi mamá’. ‘Ah, mira, es como el vecino que me lame con la mirada”, comparte.
“Vemos a la gente, pero no la conocemos, no podemos acceder a ese mundo como si fueran transparentes y conocer todas las ideas que se están movilizando dentro. Los cuervos, las aves de rapiña están ahí volando alrededor de su cabeza, y esas personas pueden ser exactamente como ese viejo que era que era como un gran vecino allá en una ciudad y que mató como a 20 mujeres que tenía enterradas en su casa”.
Literariamente se asoma a esos asesinos que están cerca de nosotros.
“Trato de que todos mis libros tengan calidad obviamente, que sean buenos, que el lector de alguna manera se sienta afectado por la lectura”.
Personajes apegados a la realidad
Alfonso Orejel compartió que uno de los personajes de esta novela, era parte de otra, en otro contexto. Se trata de Tadeo, un hombre duro, solitario, que vive con su mamá y que ella ejerce una dictadura brutal sobre él, quien trabaja vendiendo y realmente no tiene ningún trabajo.
“Colecciona revistas pornográficas, le gusta ir a espectáculos de caballeros, pero nunca ha tocado una mujer a sus 45 años y ese personaje yo lo tenía en otra novela y descubrí que ya no iba para ningún lado, entonces lo metía a ésta.
“De pronto puedes tener un personaje y lo rescatas de un contexto que no funciona y lo metes en otro y me funcionó muy bien aquí... hay mucha gente como Tadeo, gente solitaria, incapaz de relacionarse con mujeres o con hombres, gente que hace una vida pegada a su madre, que por otra parte le gustan los niños, pero nunca ha logrado consumar un acto atroz con ellos, entonces ese fue el punto de partida, me gustaba el personaje y dije lo voy a meter en una novela”.
Otro personaje, cuenta, es un periodista oportunista, curioso, que sabe manipular las cosas, que desconfía de los boletines oficiales del Estado, que sabe moverse en ese mundo.
“Se parece mucho a algunos periodistas de notas rojas reales, yo trato de que se parezcan mucho a los reales, para que el lector diga ‘ah canijo, oye, este, cómo se parece a fulanito, ¿verdad?’. Entonces un poco a mí me gusta mucho jugar con eso”.
Y el escenario también, pues la novela se ubica tiene varios lugares que quienes conocen Los Mochis reconocerán: el parque Sinaloa, La Pérgola, La ruina del Ingenio.
Al final, Dios no escucha chillido los cerdos, en las palabras del escritor Enrique Escalón que publicó en la contraportada: “el narrador no da respiro... Cada capítulo es una aventura llena de peligros. No tengo dudas, es una de las mejores novelas negras escritas en México, porque es emocionante, pero también explora en donde podría estar el origen de la maldad”.
Nuevo libro
A días de haber publicado Dios no escucha el chillido de los cerdos, Alfonso Orejel publicó “Odisea negra”, con ilustraciones de Juan Gedovius. Ambas las presentó en la Feria del Libro de Los Mochis y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
El autor
Alfonso Orejel Soria nació en Los Mochis, Sinaloa.
Es escritor y promotor de lectura.
Ha publicado La balada del hombre muerto (Premio Nacional de Narrativa Inés Arredondo 2006), Palabras en sepia (Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen 2008), La venganza de la mano amarilla (Mención en el concurso Barco de vapor 2009 / SM).
Sus libros El cucaracho, El sendero de los gatos apachurrados y La sombra fueron seleccionados por el Programa Nacional de Lectura (Secretaría de Educación Pública) para formar parte de las Bibliotecas de Aula de todo el país.
Es autor de varios libros de terror: El árbol de las muñecas tristes, La niña del vestido antiguo y Un poco de dolor no daña a nadie.
En 2018 obtuvo mención en el Certamen Internacional de Poesía Infantil del FOEM con el libro Manantial de carcajadas, además del Premio Regional de Poesía Ciudad de La Paz 2018 con el libro Álbum del olvido.