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G U I L L E R M O   O S U N A   H I 
Puerto Viejo
¿Por el menos peor?...

Estamos a pocos días de la jornada electoral, y al igual que muchos ciudadanos con los que convivo, no encuentro hacia qué causa dirigir mi voto para la Presidencia.

Una de las opciones que tengo es acudir a las urnas a votar apostándole a la anulación, único medio efectivo y contundente que tenemos los ciudadanos para castigar a los partidos; para pegarles donde más les duele, en el bolsillo, ya que cada voto que captan les representa dinero.

Qué bonito sería ver a una sociedad organizada invalidando su voto, para hacer reventar la elección y que con ello, los partidos le entren a un verdadero ejercicio de reflexión sobre su quehacer político y social.

Acudir a las casillas a anular nuestro voto, es la única arma que podemos utilizar en contra de los partidos. Pero estamos a años luz de llevar a cabo una decisión de tal magnitud.

El día de las elecciones, la otra posibilidad que tengo es votar por el menos malo y aún así, veo complicada mi determinación electoral.

Y digo que por la opción menos mala, porque la mejor, representada por Gabriel Quadri, no tiene ninguna probabilidad de triunfo. Según mis apreciaciones, el candidato de Nueva Alianza es el que ha presentado propuestas de gobierno novedosas, que de verse realizadas, vendrían a romper con muchos de los paradigmas que nos tienen atados al subdesarrollo.

Es cierto, lo patrocina Elba Esther, pero igual sucede con sus contendientes; todos ellos cuentan entre sus filas cercanas, con verdaderos ejemplares de la perversión política. En eso se parece a todos.

De López Obrador me gusta su divisa que encierra un gran sentido social, un fuerte combate a la corrupción y un ejercicio de gobierno austero.

Y tiene razón cuando habla de que puede lograr un ahorro presupuestal millonario, ya que tan solo con ordenar el gasto y bajarle a los sueldos y prestaciones de ensueño que reciben los que componen los altos niveles jerárquicos de la burocracia, nos ahorraríamos muchísimo dinero.

Por supuesto que no me gusta su populismo, ya que hoy, todavía seguimos pagando los platos rotos que nos heredaron López Portillo, Echeverría, De la Madrid y los "errores" iníciales de Zedillo. Cómo olvidar las monstruosas devaluaciones e inflaciones que se tragaron una buena parte de nuestro patrimonio.

Se equivoca el Peje al creer que la dádiva social es el camino para construir un mejor escenario nacional y en esa misma dirección también corren Peña Nieto, y en un menor grado, Josefina.

Por lo que toca a Peña Nieto, su propuesta de que la clase trabajadora reciba un salario que alcance, a cubrir las necesidades básicas del trabajador y de su familia, me parece sumamente atinada y es fundamental que se cumpla, con él o con cualesquiera de los otros participantes.

No se vale que la estabilidad del país se siga sosteniendo, entre otras cosas, sobre el sacrificio salarial de los trabajadores.

También me suena bien el planteamiento de Peña Nieto, de ir al rescate del campo, cuya importancia ha sido desdeñada de manera infame por los tecnócratas que han arribado al poder, incluidos los panistas.

Al igual que me sucede con López Obrador, igualmente me asusta el catálogo de promesas dadivosas que el heredero del nefasto grupo de Atlocomulco, formado políticamente por el pillo Arturo Montiel, le plantea al electorado, lo cual significa que está dispuesto a sacrificar recursos que pueden representar el mecanismo de encendido del motor que empuje el desarrollo que tanto ocupamos.

De los dos candidatos citados, igualmente causan acentuado escozor, los nombres de algunos personajes que los acompañan y que dentro del ejercicio público, se han bien ganado la fama de nefastos y corruptos.

Sé que son otros tiempos, que las circunstancias han cambiado, pero no deja de provocarme recelo el posible regreso del PRI a la titularidad del Poder Ejecutivo, ya que me tocó vivir la represión y las tribulaciones económicas que nos endilgaron los gobiernos priistas.

De la abanderada panista, me agrada que represente la posibilidad de que tengamos por primera vez a una ejecutiva federal. Creo que eso le daría otros aires al ejercicio de gobierno, aunque tal probabilidad ha sido achicada por la mala campaña que ha venido realizando y por el peso del desencanto popular que ha generado la gobernanza panista.

También suena bien que se incline por mantener la disciplina en las finanzas públicas, lo cual, indiscutiblemente, nos ha evitado caer en súbitas y fatales variaciones económicas como las sufridas durante los gobiernos federales emanados del PRI.

Por supuesto que no me gusta de Josefina, que no nos diga el cómo hacer para que la estabilidad de la macroeconomía aterrice en las mesas y en los bolsillos de la clase trabajadora.

Tampoco veo a una Josefina diferente a quien pretende suceder. Tal vez lo sea de sus contendientes, pero hasta ahí.

La encrucijada en la que me encuentro, me hace evocar la canción infantil de los diez perritos... "de los cuatro que tenía, uno se lo llevó Andrés, nada más me quedan tres, tres, tres..." ¿Tendré entonces que apostar por el menos peor?

Por su atención, gracias nos encontramos en la próxima, si es que así lo deciden ¡Buenos días!



osunahi@yahoo.com.mx

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