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Ánálisis: Improvisación policíaca provoca la muerte de 12 inocentes
Lo más crítico, en la tragedia del antro capitalino News Divine, es la forma de actuar de la policía capitalina, pues demuestra la ausencia total de planeación y acción de inteligencia previa

La tragedia en el antro capitalino News Divine refleja en toda su magnitud la improvisación de nuestras autoridades, en este caso, las del Distrito Federal.
Por una parte, de acuerdo a la información proporcionada hasta el momento, la discoteca contaba con todos los permisos en regla, a pesar de que no reunía algunos de los requisitos mínimos para operar; por la otra, la policía reacciona improvisadamente a denuncias ciudadanas, sin considerar el riesgo en el que colocaba a los asistentes al lugar y a sus mismos agentes.
El caso refleja plásticamente la aplicación de una decisión pública, que no solo no resuelve el problema que pretende atender, sino que ocasiona uno peor. Y, como muchos otros casos, muestra una cadena de errores totalmente inexplicables y, en este caso, lamentablemente se concluyó con una tragedia.
De acuerdo a la información que hoy se conoce a través de los medios de comunicación la discoteca carecía de algunas de las indispensables medidas de seguridad, entre las que destaca el de tener una salida de emergencia disponible; segundo, también es evidente que operaba con sobrecupo; y, finalmente, entre otras de las flagrantes violaciones que deberían haber conducido a la revocación del permiso, permitía el ingreso de menores y les vendía bebidas alcohólicas.
Así desde el punto de vista administrativo dicho negocio no debía estar operando o, al menos, ya debía haber sido sancionado por este tipo de faltas.
Pero dejando de lado este asunto, no por ser menor, sino porque no fue el causante directo de la tragedia, lo más crítico es la forma de actuar de la policía capitalina, pues demuestra la ausencia total de planeación y acción de inteligencia previa, es decir, frente a las denuncias de los vecinos del lugar de que en el mismo se expendía y consumía droga, incluso a menores de edad, simplemente se decide ordenar un operativo de revisión.
Hay acciones y medidas de sentido común que ayudan a evitar tragedias y permiten minimizar los costos de las operaciones policíacas. Y, entre ellas, una de las más elementales es la importancia de tener una unidad de inteligencia, que permita conocer información básica del enemigo, en el caso de la delincuencia, organizada o no, es evidentemente el enemigo, y del terreno donde se enfrentarán.
En una colaboración anterior me refería a la ausencia de esta labor en la lucha contra el narcotráfico; pero ahora parece que las policías, pues en este caso nos referimos a la preventiva del Distrito Federal y en el anterior, a la Federal Preventiva, francamente renuncian a esta labor y a hacerse de estos insumos antes de cualquier operativo.
La lógica indica que antes de enviar a la policía a un antro repleto de jóvenes, menores o mayores de edad, que supuestamente, de acuerdo a las denuncias, se encuentran bajo el influjo de las drogas y el alcohol, se realice una mínima labor de inteligencia y planeación del operativo, además de contar con un protocolo mínimo de operación para evitar o, por lo menos, reducir notablemente las probabilidades de este tipo de tragedias.
Debiesen existir en todas las policías del país un manual de procedimientos, con un protocolo, que permita cubrir requisitos mínimos y allegarse información elemental antes de proceder a cualquier operativo, pero particularmente ante este tipo de operativos que no son de emergencia y revisten particular riesgo por lo imprevisible de las reacciones tumultuarias.
Este operativo, seguramente pudo planearse con antelación, pues evidentemente las actividades delictivas no eran ocasionales, sino habituales. Es decir, si bien se encontraban frente a una denuncia preocupante, no era una emergencia, pues todo indica que el viernes no era la primera vez que sucedía ni sería la última, así que había tiempo para planear y desarrollar el operativo.
Y precisamente esta negligencia de la autoridad que en este caso, más allá de la reacción de los propietarios y responsables de la discoteca, es la directamente responsable de la tragedia, pues esta no hubiese ocurrido, sin la presencia policíaca en el lugar, lleva a un segundo punto central: la responsabilidad y al rendición de cuentas.
Hasta estos momentos todo indica que las posibles sanciones recaerán en mandos menores, pues el de mayor nivel que se encuentra implicado es el ex jefe de la Unipol en la delegación Gustavo A. Madero, Guillermo Zayas, es decir, un mando estrictamente policíaco.
Ante la rentabilidad política del asunto, los asambleístas panistas ya vieron la posibilidad de promover la remoción del delegado, Francisco Chiguil, y, desde luego, ya hay quien pide también la separación del Secretario de Seguridad Pública capitalino, Joel Ortega.
Pero más allá de los movimientos y demandas políticas, sí es muy importante delimitar claramente las responsabilidades de las distintas autoridades y, muy especialmente, ¿quién fue la máxima autoridad que ordenó o autorizó el operativo?
Ciertamente el responsable directo del operativo tiene responsabilidad y debe ser sancionado por ello; pero no es creíble que él haya sido el mando de mayor nivel que intervino en la decisión. Lo más probable es que el delegado o el titular de Seguridad Pública autorizaron la realización del mismo, si no es que directamente tomaron la decisión de hacerlo.
Y esta es la segunda parte que se debe considerar, es decir, las separaciones, que en muchas de las ocasiones simplemente quedan en eso, la remoción del mando, político o técnico, sin mayor sanción, no siempre recaen sobre los directamente responsables, sino sobre chivos expiatorios que obviamente son recompensados por su sacrificio.
Un ejemplo muy claro de ello es una tragedia previa en el mismo Distrito Federal, el linchamiento de los policías federales en la delegación Tláhuac, donde el único cesado fue el hoy Jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard; el pagó el costo político y fue la víctima de la ira del entonces Presidente Vicente Fox, sin saber si era o no responsable, pero además de que no hubo sanción alguna, finalmente resultó premiado, pues gano notoriedad que finalmente lo condujo a su actual puesto.
Así la tragedia (siempre después de las mismas se habla de muchas lecciones y se rigidizan algunas medidas) debe dejar, al menos, tres lecciones: una, particularmente en este tipo de negocios el otorgamiento de un permiso requiere de un seguimiento y una supervisión muy cuidadosa, que permita verificar que siguen vigentes los requisitos mínimos de seguridad que se solicitan para el otorgamiento del mismo; dos, todos los operativos policíacos y, especialmente, los que se realizan en lugares cerrados y con presencia de multitudes, deben contar con un manual de procedimientos y una labor de inteligencia previa; y, tercero, nuevamente urge revisar los mecanismos de rendición de cuentas de nuestras autoridades, pues no es posible que las sanciones siempre recaigan en mandos medios, mientras los superiores pasean su inmunidad.

H E R R A M I E N T A S    D E   L A   N O T A
 
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